Mujer-casa-árbol
Ventanas
de papel a mundos frágiles
Me
construyo en el espacio, mis emociones crecen y buscan recovecos, rincones de
brisa y lugares oscuros. me pienso desde
el aire, y a veces desde el suelo. Y
así, desde la fragilidad comienzo cada
día.
Como
el papel, me construyo desde lo simple, una tira de papel que se pliega, se
enrula, anida, ofrece y resguarda. Frágil como el papel, me fortalezco haciendo
pie en mis vulnerabilidades.
Así
ando aprendiendo, sumando, queriendo, soñando. Así nacen estas ventanas de
papel a mundos frágiles. Son mis mundos,
pero también son los mundos de otras mujeres que habitan en mí, y a quienes yo
habito.
Mujer-casa-árbol
La
casa del árbol, ese lugar mágico de la infancia donde todo es posible, lugar de
sueños y emociones. Lugar para habitar y
habitarse. No es necesario que exista realmente, la casa del árbol está dentro
de uno, aunque a veces es difícil encontrarla.
"Ma,
¿qué es el alma?", me preguntó hoy Lautaro, desde sus 4 años. La casa del árbol.
Arboles
que abrigan, que contienen, árboles que crecen fuertes, que se fortalecen
cuando crecen. Arboles de raíces
profundas, de ramas extensas. Arboles que impulsan, que mecen, que
recuerdan. Arboles que dan sombra, y la
proyectan. Arboles frágiles que no se
quiebran. Arboles que bailan con el
viento, que buscan el cielo, que buscan el agua, que buscan a otro árbol, que
lo encuentran. Arboles que ofrecen
nidos, que ofrecen cuevas, que ofrecen raíz. Que albergan miedos, deseos,
sueños, oscuridades, sabidurías. Arboles
que susurran canciones viejas.
Soy
todos esos árboles. Ventanas a mis
fragilidades. Juntas me fortalecen.